Publicado: 24 de septiembre de 2026
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En: Comunidad

Familias de El Junquito viven entre carpas y escombros a tres meses del doble terremoto

A tres meses del doble sismo que sacudió la región central del país, las secuelas siguen afectando la cotidianeidad de decenas de ciudadanos. En el kilómetro 23 de la parroquia El Junquito, un grupo de 26 familias permanece pernoctando en campamentos improvisados con carpas de hierro y plástico azul, expuestas a las inclemencias del tiempo, la escasez de servicios básicos y la falta de soluciones habitacionales definitivas.

Entre los afectados se encuentra Yolimar, madre de cuatro niñas, cuya vivienda provisional sobre el terreno rústico apenas resguarda a su familia del agua y la humedad. La situación es crítica para su hija de cinco años, quien padece de hidrocefalia y requiere condiciones higiénicas y médicas de especial cuidado. «Es duro vivir así y más con mi hija y su condición de salud… Ya no sé a dónde más acudir», manifestó la afectada, quien residió durante 13 años en una de las habitaciones del antiguo Gran Hotel antes del evento telúrico.

Conflicto legal entrampa la reubicación

El campamento agrupa a 102 personas —entre ellas 44 menores de edad— de las cuales 21 familias provienen del antiguo Gran Hotel y cinco de la zona baja del sector La Toma, donde los inmuebles quedaron expuestos al colapso de estructuras adyacentes.

A la emergencia provocada por el sismo se suma un litigio judicial de más de 14 años sobre el terreno y la infraestructura del Gran Hotel, disputa sostenida entre el propietario original del inmueble y el Estado tras un proyecto habitacional no concretado. De acuerdo con los testimonios de los ocupantes, esta traba legal ha derivado en la omisión de las 26 familias de los censos oficiales de reubicación y vivienda definitiva.

Asimismo, los afectados denuncian contradicciones en los informes técnicos de evaluación de riesgos: mientras inspecciones independientes e ingenieros de cooperación internacional asignaron diagnósticos de vulnerabilidad estructural severa (tarjetas roja y negra), representantes locales avalaron de forma temporal el reingreso a la estructura con etiquetas de bajo riesgo.

Riesgo sanitario e insalubridad

La precariedad del campamento se agrava por la falta de acceso regular a agua potable. Los damnificados deben costear botellones para el consumo diario y la preparación de alimentos, mientras que el aseo personal depende de un tanque comunal sin mantenimiento que ha ocasionado brotes de alergias e infecciones cutáneas en adultos y niños.

A pesar de que las estimaciones iniciales de las autoridades contabilizaron miles de personas sin hogar distribuidas en albergues, plazas y áreas públicas en la capital, los residentes de El Junquito aseguran que la asistencia gubernamental y las donaciones no han llegado al sector, por lo que reiteran el llamado a los organismos competentes para la ejecución de un censo formal y la adjudicación de soluciones habitacionales dignas.

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