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Han transcurrido exactamente 90 días desde aquel 24 de junio de 2026, una mañana en la que la tierra tembló en dos ocasiones casi consecutivas —dos sismos devastadores de magnitud 7,2 y 7,5— y la geografía venezolana cambió para siempre. Transcurridos tres meses, el polvo físico ha comenzado a asentarse sobre los escombros de zonas severamente castigadas como el estado La Guaira y varios sectores de la capital, pero la incertidumbre y el duelo siguen intactos.
A tres meses del doble terremoto en Venezuela: Entre la reconstrucción lenta y la exigencia de dignidad
Tres meses en la cronología de una catástrofe natural suelen ser la frontera invisible entre la fase aguda de rescate y el largo camino de la reconstrucción. En Venezuela, sin embargo, esa frontera se dibuja entre el dolor persistente de las familias y la falta de respuestas claras sobre la magnitud real de la tragedia.
Las cifras de la tragedia y el vacío de información
El balance oficial ubica la cifra de fallecidos en más de 6.400 personas, con cerca de 60.000 viviendas reducidas a escombros o declaradas en inhabitabilidad. No obstante, organizaciones de derechos humanos y la sociedad civil insisten en que la cifra de desaparecidos y victimas podría ser sustancialmente mayor. Alrededor de los terrenos donde antes se erigían edificios residenciales, aún se observan familiares que se acercan con flores, oraciones y el requerimiento constante de listas transparentes e información sobre los trabajos de remoción.

El día a día en los campamentos improvisados
Más de 20.000 personas continúan viviendo en refugios temporales y campamentos de emergencia. La respuesta humanitaria, aunque presente gracias al esfuerzo de las comunidades y de diversas ONG, enfrenta cuellos de botella severos en materia de servicios básicos, acceso a agua potable, saneamiento y atención médica continuada. Organismos internacionales como Amnistía Internacional han hecho llamados urgentes en los últimos días para que los esfuerzos gubernamentales garanticen un plan de respuesta centrado en la dignidad de las personas damnificadas y en sus derechos fundamentales.
Los retos económicos para el techo propio
El desafío de la infraestructura sobrepasa con creces las capacidades operativas habituales. Organizaciones no gubernamentales y analistas del sector han propuesto la aplicación de medidas económicas extraordinarias —como ajustes en la política crediticia y el encaje legal para dinamizar la cartera de vivienda— para que miles de familias puedan aspirar a un hogar permanente.
«A tres meses de estos eventos, la prioridad no puede ser solo remover el concreto; debe ser saldar la deuda humana con quienes lo perdieron todo».
El panorama actual combina la resiliencia ciudadana con la urgencia de medidas estructurales más eficaces. Mientras los sobrevivientes reconstruyen sus rutinas entre las secuelas del sismo, el verdadero reto para el país no está únicamente en levantar columnas, sino en garantizar una reconstrucción transparente, digna e inclusiva.
