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Mantenerse activo en la educación superior en Venezuela exige un presupuesto familiar que oscila entre los 50 y más de 300 dólares mensuales, únicamente para cubrir traslados, insumos académicos, alimentación y herramientas técnicas. Esta realidad convierte el factor económico en uno de los principales desencadenantes de la deserción universitaria en el país.
Consultas realizadas a estudiantes de la Universidad Central de Venezuela (UCV), la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y la Universidad Santa María (USM) confirman que la devaluación constante, la brecha cambiaria y los costos dolarizados imponen dinámicas de alta exigencia financiera, tanto en la educación pública como en la privada.
Carreras prácticas y del área de la salud: Las de mayor exigencia
La brecha de costos se profundiza en las carreras con un alto componente práctico o clínico, como Odontología, Medicina, Comunicación Social, Arquitectura e Ingeniería.
En áreas de la salud como Odontología, la compra de instrumental especializado y materiales presupuestados en divisas requiere desembolsos que superan con frecuencia los 300 dólares mensuales. Esto empuja a los estudiantes a combinar la carga académica con empleos en el sector o depender del financiamiento familiar directo para no congelar la carrera.
Por su parte, en el área audiovisual y de la comunicación, la necesidad de adquirir equipos de edición, cámaras y licencias de software, sumada a los costos de producción para proyectos de egreso o documentales finales, genera inversiones elevadas que deben ser asumidas de forma independiente por los alumnos.
El costo cotidiano dentro del campus
Incluso en la educación pública, los egresos fijos asociados al transporte, la compra de insumos básicos y la impresión de guías obligan a reajustar los presupuestos familiares mes a mes. Para mitigar estos costos, la juventud recurre a estrategias que van desde preparar sus alimentos en casa hasta insertarse de forma prematura en el mercado laboral informal o remoto.
El panorama evidencia que la continuidad académica en el país no depende de manera exclusiva del rendimiento en el aula, sino del margen de maniobra de los hogares para amortiguar los costos operativos de la formación profesional.
Créditos: Crónica Uno