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Científicos chinos desarrollaron una innovadora fórmula para fabricar casas impresas en 3D en Marte mediante un material de construcción vivo. La mezcla, compuesta por rocas marcianas combinadas con gelatina y levadura de la Tierra, adquiere al secarse una resistencia comparable a la del hormigón, con la ventaja adicional de ser un recurso reciclable y reutilizable.
El procedimiento, divulgado este jueves en la revista Chem Circularity, abre la puerta a la colonización del planeta rojo al superar los desafíos de su clima extremo —marcado por frío glacial, alta radiación y una atmósfera casi inexistente—, eliminando la necesidad de transportar costosos materiales de construcción a lo largo de meses de viaje espacial.
«Mi inspiración surgió de las frutas liofilizadas, que se endurecen con el tiempo». La temperatura y la presión extremadamente bajas de Marte crean condiciones similares a las de la liofilización, así que «me pregunté si podríamos aprovechar eso y crear algunos materiales», comenta Jishen Qiu, autor principal e ingeniero de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong.
Para crear el material imprimible, el equipo necesitaba una mezcla precisa de arena, un pegamento elaborado con gelatina y una levadura especializada.
Para lograrlo, los científicos recubrieron la levadura con proteínas altamente adhesivas —similares a las que emplean los mejillones para aferrarse a las rocas—, integraron gelatina como aglutinante y soporte para el crecimiento celular, y añadieron arena para dotar a la mezcla de masa y solidez estructural.
Al someter el compuesto a una simulación de las condiciones marcianas, el frío extremo y la baja presión provocaron un proceso de liofilización instantánea al salir por la boquilla: el agua pasó directamente de estado sólido a vapor, dejando poros microscópicos que dieron como resultado una estructura similar a una espuma ligera y resistente.
Hasta el momento, las pruebas se han limitado a cúpulas en miniatura del tamaño de un corcho de vino (45 milímetros de alto por 30 de ancho). No obstante, el estudio señala que el material alcanza una resistencia a la compresión de entre 10 y 12 megapascales, un nivel equiparable al del hormigón de baja resistencia.